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Lanzamiento de la Medalla Bicentenario de la Batalla de Maipú

Discurso pronunciado por el señor Jorge Plantat, presidente del Círculo de Medallistas de Chile, en la ceremonia de lanzamiento de la Medalla Bicentenario Batalla de Maipú (05/05/2018).
 
Señoras, señores, muy buenos días.
 
Nuevamente se me ha concedido el honor de poder dirigirme a Ustedes, con el propósito de presentarles una nueva realización numismática, obra de don Javier Campos.
 
Esta vez, la celebración del bicentenario de la Batalla de Maipú le ha motivado a acometer el desafío de diseñar y encargar la confección de una medalla conmemorativa de la gesta heroica que coronó los esfuerzos de los patriotas que lograrían la libertad de nuestra patria. Don Javier ya nos sorprendió el año pasado con la medalla de la Batalla de Chacabuco, y fiel a sus intereses de investigación histórica, gracias a su conocimiento en estas materias y su vocación artística, nos propone ahora su nueva creación, que ha sido plasmada en el metal por el destacado grabador don Pedro Urzúa. Al igual que en la ocasión anterior, esta medalla es el fruto de un emprendimiento absolutamente personal, sustentado en las competencias personales de don Javier, su capacidad de convocatoria y su férrea determinación a lograr objetivos superiores.
 
El anverso de la medalla muestra una figura femenina, representación clásica e inequívoca de la república. Se nos muestra en posición frontal, la más difícil de lograr exitosamente en el grabado de medallas, centrada en el campo en actitud de equilibrio, con los brazos abiertos en señal de acogida, y cadenas rotas colgando de sus muñecas, representando la libertad. La vemos coronada de laureles, y sobre su cabeza la estrella solitaria, emblema patrio surgido en el proceso de emancipación. Tres lienzos la envuelven, y vuelan al viento, en alusión a los colores patrios. La mujer se encuentra en primer plano, elevándose por sobre una cadena montañosa, que al ubicarse en un nivel más bajo en la composición, nos recuerda que ha sido superada por las ansias de libertad que venían desde más allá de la Cordillera de Los Andes. Todo ello configura un relato pleno de simbolismos, pero que no está exento de ciertas precisiones técnicas. En efecto, un observador acucioso, podrá reconocer en esas montañas a las cumbres más altas de nuestra cordillera central, esto es, los montes Aconcagua y Tupungato.
 
En el reverso, al igual que en la medalla de la batalla de Chacabuco, encontramos un diseño perfectamente simétrico. Al centro, el elemento principal dentro de un campo oval, una montaña, expresión del poder y de la elevación del espíritu, surgida en los albores de la revolución francesa. Adoptada también en otros procesos libertarios en América Latina, en Chile evoluciona hacia la figura de un volcán, que refuerza los conceptos ya mencionados, y la versión que se nos muestra en esta medalla recuerda la iconografía que aparece en la primera moneda republicana, esto es el peso de 1817. El escudo así descrito se sustenta sobre cañones de artillería, balas y tambores de mando, en alusión a la determinante participación del arma de artillería en la Batalla de Maipú. Este conjunto se adosa sobre una doble guirnalda de banderas chilenas acoladas, la actual bandera, en un manifiesto guiño de homenaje a nuestra bandera, de reciente creación en esa época, que nos identifica y trasciende hasta nuestros días. Por sobre la composición descrita, se ubica un lienzo que contiene el texto “La patria es libre”, expresado por el General San Martín en su primer reporte escrito sobre la batalla.
 
Si bien esta estructura recuerda lo obrado en la medalla de la batalla de Chacabuco, existe un elemento común en ambas medallas, esto es la gráfila de puntos en el contorno de la medalla, por ambos lados, que suman exactamente los 200 años transcurridos desde la batalla.
Esta medalla, a semejanza de la anterior, ha sido acuñada en plata, en formato de 40 mm., con fondo espejo, por lo que presenta características de acuñación que permiten suponer el inicio de una serie destinada a la conmemoración histórica. Asimismo, el diseño muestra una composición que nos permite reconocer elementos fundamentales y un estilo que identificarán en lo sucesivo a su autor.
 
El diseño de estas medallas, no se limita a un mero enunciado de un acontecimiento, tampoco son una descripción detallada de un hecho o lugar destacable. Por el contrario, su iconografía provoca una evocación de sentimientos en el observador, haciendo que cada uno de nosotros, al examinar estas obras de arte, se sienta invitado a meditar y a crear mentalmente “su” propia medalla.
Invitemos a don Javier a perseverar en este campo, en beneficio de su propia realización artística y del desarrollo del arte de la medalla en nuestro país.
 
Muchas gracias.
 

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